No sólo servía como guía para las cosechas, para las labores agrícolas, sino que estaba relacionada con el equilibrio, lo astronómico y astrofísico, es decir los astros, los planetas, las estrellas, se alineaban con la tierra para formar el equinoccio, día en el que la mañana y la noche, la luz y la oscuridad, tienen una misma duración, y, por ello, centro de su festejo. El año maya se dividía en dos temporadas y la primavera era la primera mitad.

La importancia de la primavera, así como el conteo de los días, el tiempo y los fenómenos astronómicos, las matemáticas y la física, llegó a ser tan alta, que por ello construyeron edificios que hoy vemos como ruinas o restos. Esos edificios maravillosos, algunos de ellos de forma piramidal, tenían una orientación especial. Esto explica por qué actualmente los turistas y la gente de alrededor de la zona maya arqueológica de Chichen Itza, Yucatán, el 21 de marzo, acuden en número considerable para observar cómo una sombra que representa a la legendaria serpiente, animal y base representativo de esta cultura, baja por la estructura del lugar.

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